lunes 17 de agosto de 2009

La hora de la Justicia.

Dentro de 48 horas se leerá una sentencia histórica. Para aquellos que estuvieron en Cromañon, para sus familiares, para los que asisten a recitales, para los que no. Un veredicto que afecta directa o indirectamente a toda la sociedad.
Una sociedad que esta dividida, que a veces opina sin saber, pero como pasó siempre. En Argentina somos todos técnicos, médicos y, ¿porque no? ahora jueces.
No se trata de una desición fácil, eso esta claro. El Tribunal que tiene a su cargo sentenciar una causa como la de la tragedia de Cromañon, tiene en sus manos una desición que marcará un antes y un después, como ya lo marcó ese 31 de Diciembre de 2004.
Se esperan manifestaciones de ambos lados: familiares y seguidores de Callejeros. El periodismo se empeña por dividirlos y ellos caen en la trampa. No entienden que todos estan del mismo lado.
Esa noche los asistentes fueron a despedir el año en una fiesta que terminó en tragedia. A una persona se le ocurrió que es preferible cerrar las salidas con candado, para que no entre nadie sin pagar, a que ante una emergencia puedan salir todos correctamente.
Del lado de Callejeros sólo se puede entender que ésto les pasó, como le pudo haber ocurrido a cualquier otra banda, todas tocaban en lugares como Cromañon o peores. Todos fuimos público alguna vez y decidimos seguir la fiesta ante una bengala en un lugar cerrado o ante la presencia de más cantidad de gente de la que podía entrar. El rock argentino se empeña en ver quien la tiene más grande y es mejor la banda que mete más gente que aquella que tiene algo para decir o que suena mejor.
En ese bola de nieve entró Callejeros. La banda pegó un salto de popularidad que quizás no supo manejar. Pero ¿son culpables por eso? ¿Podían hacer algo más que pedir una habilitación para saber si el lugar estaba en orden? Alguien le mostró esa habilitación. ¿Qué más podían hacer?
Acaso ¿a alguien se le ocurre que los jugadores de fútbol son culpables por las muertes en las canchas?, ¿no es lo mismo? Al fin y al cabo eso era Callejeros, el centro de atención de miles de chicos que se metieron en una trampa. Que vieron que el lugar estaba colmado y superado, que tuvieron en sus manos la desición de salir de Cromañon, pero se inclinaron por quedarse porque tocaba "su" banda. Que predieron bengalas en un lugar cerrado a pesar de las advertencias de Chabán, que si se quiere a nadie le importaba, pero fueron criticados por Pato que advirtió que no podía cantar por el humo, pero poco importaba, porque el que prende más bengalas es el más seguidor.
Porque el rock esta rodeado de un folclore necio que hoy, después de la tragedia, parece no verse afectado. Que toca el Indio (en un lugar abierto, claro) pero se siguen prendiendo bengalas, porque todo se justifica en ese folclore estúpido. Esa trampa fue la misma en la que entró la banda, la misma en la que entraron los familiares de Callejeros. ¿Alguién mandaría a la muerte a sus familias? No lo creo. Era una fiesta, fue una tragedia.
Hoy a casí 5 años del incendio todos entienden el dolor de esos padres que perdieron a sus hijos, pero estoy seguro que de poder preguntarles, ellos querrían ver a Callejeros en un escenario, no tras las rejas. Que no se conviertan en un chivo expiatorio de la justicia para satisfacer el hambre de la sociedad.
Callejeros fue a hacer lo que hacía: tocar, no eran dueños del lugar, no cerraron con candados, no incetivaron la pirotecnia, tampoco la censuraron, es cierto, ellos provenían de ahí, de abajo del escenario, del folclore del rock.
No eran bomberos, ni inspectores del gobierno de la Ciudad. Ellos fueron a hacer música. Y hoy quieren seguir haciendo lo mismo ¿Porqué prohibirles eso? Cada show post Cromañon cuando no era cancelado, era una controversia interminable en los medios, esos que no entienden el rock. Callejeros hizo lo que la gente les pedía y lo único que saben hacer: tocar. Ahora es hora de que hable la justicia, que esperamos sea inteligente por las 194 víctimas, por los padres, por los chicos de la banda, por toda una sociedad que como siempre abrió los ojos cuando ya era tarde.