La gripe A no se detiene. El dengue y el chagas, enfermedades más silenciosas, pero que no dejan de avanzar. La desnutrición es otro de los males que afecta al interior argentino.
Pero detrás de todo esto, aparece la causa de muerte que puntea en el ranking. Los accidentes de tránsito en argentina tienen estadísticas que congelan la sangre.
Las muertes pasan a ser rápidamente números de dicha estadística, las víctimas no son Juan Pérez o María González, son 3 muertos en la ruta, 2 fallecidos en una autopista. Con una muerte tan rápida como el tiempo en que son olvidados para los medios.
En el presente y las campañas de prevención dejan de ser efectivas, si es que alguna vez lo fueron, los avisos no hacen mella en los conductores, las medidas del gobierno no alcanzan para impactar ante un mal que mata tan rápido como se maneja hoy en el país.
Sea causa de la imprudencia, negligencia o impericia las muertes siguen sucediendo una tras otra, hora tras hora, y el número crece.
No es un mal argentino, eso esta claro. El mundo sufre un flagelo que a esta altura se hace incontrolabe. Pero también es cierto que en otros países, otros continentes existe el respeto tanto por el peatón como por el conductor. Lo mínimo, pero que acá ya no se ve. La vida no tiene valor y eso se demuestra en las rutas.
Acá no se trata de que alguien te diga lo que tenés que hacer. No es necesario que nadie te cure un mal que te esta matando, sino es tan simple como que cada uno tome conciencia de que la imprudencia al volante mata. Repetido miles de veces, así de simple pero que no se comprende.
Cada vez que se sube a un auto hay que tener conciencia, porque no se trata sólo de la vida de uno. Hay que ser responsable por uno, por todos.
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