viernes, 29 de agosto de 2008

Del dicho al hecho...

Ante todo no se trata de justificar un delito, pero en la Argentina la mayoría de la gente apunta primero y luego analiza la situación.
Siempre el dedo acusador se levanta para después conocer las razones, sobre todo cuando se trata de una persona que llega a cometer un ilícito por falta de recursos.
En Argentina hace falta bucear en los motivos que hacen del país un lugar inseguro. Pero no se trata de hacer un trabajo sociológico en profundidad, con sólo caminar por el microcentro en la mañana uno puede observar una gran cantidad de gente durmiendo en las calles, sufriendo a la intemperie.
A esto hay que sumarle un Estado ausente que no se hace cargo de este tipo de problemáticas, que se llena la boca hablando de eliminar la pobreza pero sólo se perocupa por "levantar" a los indigentes llevarlos a un asilo donde pasan la noche para que, por la mañana, vuelvan a la calle. No existe un plan social de empleos y viviendas y luego se aterrorizan cuando ven como crecen los asentamientos en Capital y el Conurbano.
Habría que sufrir las penurias que esta gente sufre. Se los lleva hasta el extremo, hasta hacerlos perder su dignidad, la indigencia en su máxima expresión. Se los ignora, quedan afuera del sistema. No existen.
Y si eso no crea un resentimiento incotenible entonces ¿que? son personas que no poseen nada, nómades que no tienen lugar de residencia, su casa es la calle. Incluso puede verse familias enteras durmiendo sobre cartones debajo de una frazada.
Pero cuando ese resentimiento se expresa en un delito estamos allí para acusar, para levantar el dedo y pedir condenas ejemplares a aquellos que nosotros mismos excluimos. Se transforma en un círculo vicioso que no puede terminar.
Claro que nadie que tenga un hogar, estudios, un trabajo puede ponerse en el lugar de alguien que debe buscar un refugio en un techo ajeno y su comida en la basura de otros. Y quizás no tenga porque hacerlo pero si podría tal vez pensar en el prójimo no en el sentido religioso, pero si en el sentido social, humano. Pero obviamente cuando se propone algo así a la clase media y alta, en seguida lo relacionan con el comunismo, Cuba, "vienen a sacarnos todo", cuidemos la propiedad que tanto nos costó conseguir.
No creo que la mezquindad de estas clases sea la razón de la inseguridad en el país, pero si contribuye en mucho. No ayudar, señalar y juzgar no es la solución.
La solución debe provenir de mucho más arriba. Aquel Estado al que se le llamó benefactor podría reeditarse con los cambios que haga falta para lograr que los avances sociales que se perdieron con el neoliberalismo en los '90 se reconstruyan en pos de una mayor igualdad y una lucha verdadera contra la pobreza y por la dignidad del hombre.