lunes, 9 de noviembre de 2009

Yo no viajo ¿Y Usted?

En artículos anteriores, venía intentando reflejar la indignación que me causan los negocios que rodean a la política argentina. No es novedad que es un mundo que se mueve por intereses particulares, que en las sombras de ese mundo oculto, pero tan a la vista a la vez, se pergeñan las estrategias menos imaginadas.
Que el fútbol en argentina es un negocio tampoco es novedad, y no creo confundirme si digo que en todo el mundo ese deporte hoy es más una inversión que una actividad física, un juego, un pasatiempo o una competición. El placer, la diversión son cosas que van quedando olvidadas.
Pero lo particular del negocio local es que implica violencia, barras, gente que vive de un club. Y obviamente detrás de eso se encuentra la inescrupulosa política argentina.
La política y el fútbol van de la mano. Por poner un ejemplo los barras muchas veces son fuerza de choque de los políticos, se los ve en actos proselitistas dándole al bombo como si estuvieran en una popular. Su relación esta mucho más imbricada de lo que se cree.
Lamentablemente debo decir que en un márgen de pocos días volví a sentir asco de mi país y sobre todo de los manejos de los que estoy hablando. Sabía de las relaciones que existían entre estos dos mundos que, a priori, tienen poco que ver, pero un poco más allá se los encuentra en una relación carnal.
Hoy no les da pudor mostrarse y aparecen banderas que enarbolan ese afecto.
A partir de la nota de Olé de Gustavo Grabia me percate de algo a lo que no había prestado atención. Además de financiar el "fútbol para todos" el pueblo argentino en breve estará financiando el viaje de unos cuantos barras al mundial para que disfruten de un all inclusive, para que no estén incómodos, vio.
Esos mismos barras que vienen viajando a todos los mundiales de la misma manera: o bancados por la política argentina o arreglando su viaje y estadía con sus clubes particulares, a partir del aporte de todos los socios que pagan sus cuotas. Si, esos mismos que arreglaron con los militares, allá por 1982, un viaje al mundial de España para "pegarle" a los exiliados.
Y aquí no se trata de esas chicanas de barrio de lunes después de una fecha, no se trata de eso de "mi hinchada no transa, la tuya si", hoy estan todos adentro. Todos quieren viajar.
¿No le da asco a Usted también? Soy hincha de Racing y voy casi todos los fines de semana a la cancha ¿tendré que hacerme barra brava para lograr ir a ver el Mundial? ¿O continúo en mi ingenuidad, pagando mi cuota, sacando mis entradas, soportando las atrocidades de la policía, la inseguridad de cada estadio y creyendo en algo que se llama fútbol argentino y que de seguir así se cae a pedazos?

martes, 3 de noviembre de 2009

El miedo paraliza...

El intento de asalto que dejó al "Negro" Cáceres en el estado que es de público conocimiento me tomó de sorpresa. Al principio pense que no iba a repercutir tanto, pero a medida que transcurría el tiempo me di cuenta que no iba a pasar desapercibido.
Todo el tiempo pensaba en lo ocurrido. Es como si un miedo me haya invadido, un miedo no como ese de película de terror, sino un temor que abarcaba gran parte de mi vida.
Es el mismo miedo que sentí aquel día que me enteré de como le habían disparado a un policía cerca de mi casa que me llevó a escribir "Una situación, muchas situaciones".
Pasa algo así como que el terror me paraliza cuando un hecho violento sucede cerca o le pasa a alguien famoso. Se que este tipo de episodios se dan cada día, cada minuto, más cerca o más lejos de mi casa. Aunque se que es una loteria, le puede tocar a cualquiera.
Pero el verlo me aterroriza. Si para algo me sirvió es para sacar algunas conclusiones, confirme que los medios manejan la situación sobre todo en lo relacionado con la inseguridad. A veces deciden mostrarla, otras veces no.
Como un llamado de teléfono puede hacer que C5N deje de atender tanto el ataque a Cáceres porque no es "bueno" para el gobierno mostrar un país inseguro.
Eso me llevó a confirmar algo que venía pensando hace mucho pero no quería si quiera pensarlo. Detrás de la inseguridad hay intereses, ésto es que por ejemplo a la Policía Federal no le cae muy bien la creación de la policía de Macri, entonces decide "dejar actuar" a los delicuentes. Libera zonas. Lo mismo que ocurre en el conurbano cuando se vienen las elecciones o cuando se trata de manchar a un político.
La clase politíca se maneja entre esos códigos e intereses, a veces les conviene la inseguridad y entonces la provocan. No soy tan ingenuo de pensar que todo lo que ocurre esta "arreglado", pero si que gran parte se maneja entre esas sombras.
Pero enseguida la situación me da tanto asco que pienso que estoy yendo más allá y que realmente eso no puede ser así, que ningún político puede ser tan hijo de puta. Pero viendo la historia de la política argentina la duda se acrecienta.
Entonces veo a Scioli diciendo que ya estan identificados los autores del hecho de Cáceres y que son chicos de 15 años. Y pienso ¿porqué no actuó antes? en vez de ir a buscar "con tanta eficiencia" a los delicuentes, prevenir antes de que pase. Tampoco me gusta escuchar al hermano del "Negro" diciendo que le había recomendado no transitar con "ese" auto por esa zona. ¿Porqué? si este sistema es así no le importa que algunos tengan mucho y otros tan poco. Entonces porque no podía andar con su gran auto por donde quería, se lo había ganado.
Estos hechos sacan al más irritante fascista que tengo dentro que me lleva a que hasta se me cruce por la mente la maldita pena capital y verme tan parecido a Eduardo Feinmann me vuelve a dar asco, pero esta vez es mi actitud. Calmo un poco al enano fascista diciendo que me dan ganas de que esos pendejos se pasen la vida en la cárcel. Y nuevamente me asusto de mi egoismo, esos pibes deberían estar en la escuela, y sus padres trabajando. ¿O acaso son sólo pibes chorros que trabajan para la policía? Sólo porque necesitabamos un poquito más de inseguridad en la calle.
Si alguien me pide la solución primero le respondo que no la tengo, ni cerca estoy. Si me repregunta acerca de si esto se va a solucionar, tengo mi opinión más negativa.
Termino de escribir y sigo aterrado, cada vez más y la bronca me gana cuando veo que la inseguridad es casi un negocio.
Tengo miedo, eso no lo puedo cambiar tampoco. Y nunca me había golpeado con tanta fuerza que hasta me dan ganas de irme del país. Seguro no faltarán los que me digan "eh pero vos no sos argentino", y la verdad me parece que a veces me averguenza un poco serlo, y que me cago en las nacionalidades si eso nos hace distintos. Por ahora me quedo, pero mientras el miedo no me gane del todo.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Rehenes ¿de quién?

Y en el medio te empezas a sentir un rehén. Una frase que en los medios se suele utilizar mucho, pero que a veces empieza a tener sentido.
¿A qué me refiero? Claro al tema que más esta impactando en los medios y que se esta metiendo en el vocabulario habitual de la gente, la famosa ley de medios.
Hace un tiempo escribí una nota llevado por la ilusión de que un gobierno en esta etapa democrática con la que nací, iba a pagar una deuda que lleva años. Por fin en democracia ibamos a tener una ley de medios creada en ese sistema.
La ilusión no se me fue claro, sigo sosteniendo que cualquier norma emanada de un Congreso elegido por el voto popular iba a ser mejor que la que salió de una dictadura que no respetaba ningún derecho ni garantía. Pero a medida que avanza el conflicto sobre la aprobación de esta ya famosisíma ley, la pelea se polariza y los extremos a veces no son buenos.
Leo el "Clarín" o veo TN o Canal 13 y ya no sólo me cansa ahora me da cierta repulsión. La manera en que manipulan la información ya de manera abierta es insostenible, "si se aprueba la ley K, TN desparece", y que desaparezca, si no se puede mantener es porque da pérdidas, o porque esta infringiendo alguna ley. Y que desaparezca.
Por otro lado quien recibe diariamente "El Argentino" sabrá que es un diario de corte oficialista, es más me atrevería a decir que es el pasquín del gobierno, que ya no le alcanza con el INDEC para intentar convencernos de que vivimos en una especie de Suiza, en donde la pobreza casi no existe, sino que ahora lo hace a través de este diario de tirada gratuita.
Al ser gratis, llega a mucha gente que no tiene más que eso para leer y como el argentino promedio es de creer mucho en lo que ve en los medios, comienzo a sentir un poco de miedo de que los titulares o editoriales casi fundamentalistas de El Argentino empiecen a hacer mella en ellos.
Entonces lo que recomiendo es que en esta pelea que podríamos titular "Clarín vs. Gobierno" nos situemos en la posición de lectores o consumidores de medios críticos. Que leamos, veamos y escuchemos con mucho cuidado y "el toque de atención" nos lleve a darnos cuenta de que hay demasiados intereses en juego y quienes escriben, muestran o dicen algo no lo hacen de manera ingenua. Todos juegan para alguna de las dos posiciones.
Somos pocos los que nos interesa una tercera posición en esta pelea feroz que nos tiene de rehenes, y en la que sólo buscamos que se cambie con una ley de la dictadura pero no por otra que se apruebe de manera tan dictatorial como esa. Que exista la discusión, que quienes fueron votados para representar intereses se jueguen y no que se vayan porque no les gusta la ley o como se debate.
A los diputados y senadores habría que aclararles que esto era así cuando se postularon y lo seguirá siendo, ahora por una vez ¡representen a quienes confiaron en ustedes!
Quiero cerrar con un apartado sobre el titular de hoy de El Argentino, que dice "Nuevo paro salvaje en los subterráneos", ¿y eso de salvaje? Es cierto que hay una interna gremial, pero ¿y el derecho de los trabajadores de ser representados por quienes ellos quieran?
Mejor nos corremos y vamos al conflicto de Kraft. Si, esos que te cortan la Panamericana y que puteas tan seguido últimamente. ¿Te pusiste a pensar que harías vos, si de un día para el otro te quedas sin trabajo? Yo creo que como mínimo cortó una ruta. A veces hay que ponerse en el lugar del otro para intentar entender de que va cada conflicto.
Pero esto viene en relación a que el gobierno hoy se para del lado de la patronal, mandando a la Gendarmería a que corra a los trabajadores y sus familias que pelean por lo suyo, o que llama "salvajes" a quienes buscan una representación adecuada a sus intereses. Ese mismo gobierno que se llama popular y que apela a los más bajos recursos para conseguir los votos de esos mismos trabajadores.
A veces nos quieren hacer creer que somos rehenes de los trabajadores que luchan por lo justo cuando en realidad quienes nos ponen ne esa situación son aquellos que más poder tienen.

martes, 15 de septiembre de 2009

Una situación, muchas situaciones...

El domingo me dormí preocupado y el Lunes me levante igual. En un principio no sabía bien porque, pero con el paso del tiempo me di cuenta que se debía a algo que me había pasado. El domingo cerca de las 20 me vi sobresaltado por una cantidad de patrullas, sirenas y ambulancias. Si bien enseguida no me importó el correr de los minutos y el acrecentamiento del fascinamiento por el morbo me hizo ir a ver que pasaba: después de un tiroteo, un policía que intentó frustar un asalto fue baleado en la cabeza.
Y me pegó, la noticia me pegó. El asalto se había producido a unas 10 cuadras de donde estaba, ¿era eso lo que lo hacía distinto? Claro, en este mundo hiperconectado, de comunicaciones rápidas, casi al instante vivímos bombardeados por información que nos llega y nos pasa casí por delante de los ojos sin importarnos. Muchos policías se juegan la vida por un sueldo miserable. Muchos ciudadanos son asesinados en intentos de robo. Pero ahora si me importaba ¿porqué? la cercanía era la respuesta. Un hecho que había pasado ahí, en mi barrio, no en Jujuy o en el conurbano. A sólo 10 cuadras, y esta vez me importaba porque podría haber sido yo el asaltado. O peor, debo confesar que por mi cabeza pasó la idea de que podría haber sido yo el que recibía el disparo, o alguien cercano a mí.
Esta situación me transportó a otras. Pienso, vivo en una situación acomodada, en donde mi trabajo no corre ningún riesgo. Entonces no me importa, o al menos no lo suficiente, que cierre una fábrica y 1000 familias se queden sin sustento. Es allá, lejos de mí. Además ¿qué puedo hacer yo? Son los riesgos del sistema en que vivímos. Ya se reinsertarán.
Y me siguen cayendo fichas, los medios me muestran a diario cientos de víctimas que mueren en las rutas. Pero claro, de nuevo es allá lejos. Después, pegado, vienen las noticias de deporte y me siento relajado ante el triunfo de Del Potro. Pero cuando un accidente pasa frente a nuestros ojos, si bien no me toca íntimamente, me deja esa sensación que es parecida, o la misma, que sentí al enterarme del policía baleado ahí nomás, cerquita.
Pero claro, ahora entiendo al profesor que me decía que tendría que estar agradecido por poder estudiar en la UBA. Que se lo debía a mucha gente. En ese momento pense que si se lo debía a alguien, era a mis padres de última. No podía ver todo lo que le debo a cientos de personas que pagan sus impuestos para que yo me pueda sentar en ese banco, sin tener que poner una moneda para recibir un título de los más prestigiosos. Y más que nada a esa gente cuyos hijos quizás nuncan tengan la posibilidad de estudiar por tener otras prioridades, pero igual religiosamente cumplen con sus obligaciones para que yo estudie gratis.
Me asuste, pero no por el miedo a ser asaltado, o a tener un accidente, sino porque vi reflejado en el espejo una persona individualista que no era otra que yo. Era victima de lo que siempre critique. Empujado por la vorágine de un sistema que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, aislarnos, me había convertido en alguien que se preocupa sólo por el o por su círculo más íntimo. A los demás ¿que me importa?
Me di cuenta de que ese sistema que comenzó con la dictadura, el que buscaba el "no te metas", el "algo habrá hecho el de al lado", había ganado terreno. Tanto como para extenderse en los tiempos democrácticos, extenderse y afianzarse.
Las nuevas tecnologías, de las que no se puede renegar, pero si criticar si incentivan y aportan a ese aislamiento, a llevar a que nos encerremos más de lo que nos propone el siniestro sistema en el que vivimos.
Es hora de salir de la posición cómoda del que observa lo que le pasa a los demás para empezar a pensar que en este sistema todos somos víctimas. Participar, pedir, exigir, no sólo lo que nos corresponde a nosotros, sino a todos los ciudadanos iguales que esperan que nos despertemos a tiempo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Una deuda de la democracia

Un proyecto de una nueva ley de radiodifusión busca llegar al Congreso para su tratamiento. Una ley necesaria, tras más de 30 años de que los medios esten regulados por un decreto de la dictadura.
Lo primero que se puede decir es que cualquier ley votada en democracia será mejor que continuar con una sancionada por la nefasta dictadura que gobernó en el país. Esto no se discute.
Pero una ley sobre los medios es obvio que traerá contradicciones y que ese fundamento no alcanza para que sea aprobada.
Se alzarán las voces de aquellos que tienen el poder de decir "que es importante y que no" en un país. De aquellos que arman la agenda de temas en Argentina.
Obviamente el primero que saca la cabeza es el multimedios Clarín, pero tras el otros medios con menos fuerza. ¿Puede Clarín criticar el tratamiento de una ley como esta? ¿Tiene altura moral para hacerlo? Claro que no, si su dueña sigue siendo la misma que se abrazaba con Videla cuando inaguraban "Papel Prensa". Son demasiados los intereses en juego. Casi inimaginables.
¿Presiona de manera directa? Directa e indirectamente Clarín ataca al gobierno desde la prensa escrita, desde TN donde en ninugno de sus títulos se les escapa la patada al gobierno o desde la radio. Claro es difícil ser juez y parte, una nueva ley no le conviene. ¿Se puede tener la concentración de de licencias que tiene el grupo? Claro que no. Es anti libertad de prensa.
Porque ahora se llenan la boca hablando de la libertad de prensa, cuando parece que en Clarín ésta no existe. La línea que se baja viene de arriba, es dura y directa. Y puede hacerlo porque desde el monstruoso multimedios que creó, puede manejar "la inseguridad", "los números económicos", los temas importantes.
Basta de la mentira de que esta ley busca controlar los medios, de que "se viene una Venezuela", basta del miedo al que nos someten estos medios que hoy se manejan con los parámetros de la dictadura.
¿Es toda culpa de Clarín? No, cada lector o consumidor de los medios tiene la responsabilidad de tener una mirada crítica sobre éstos. Intentar leer un poco más allá de los titulares trágicos o de los números negativos.
¿Se tiene que esperar hasta que en Diciembre asuman los nuevos diputados para tratar el proyecto? No, y eso definitivamente es así. Quienes hoy ocupan una banca en el Congreso fueron votados para cumplir su mandato, y si este se extingue a fin de año y el proyecto llega antes, deberá ser tratado por ellos. Aunque quizás el debate los supere en tiempo y deban dejar sus bancas antes de la aprobación.
Con esto no digo que se apruebe la ley tal cual esta. Que se trate, que se discuta. Que participen quienes saben de medios, el oficialismo, la oposición (esa que quería una nueva ley pero no creaba ningún proyecto). Que el debate se amplie lo más posible, pero que se llegue a la creación de una nueva ley de medios que es una deuda que tiene la democracia con el pueblo argentino.

martes, 25 de agosto de 2009

Respondiendo...

Hoy voy a transcribir una nota del periodista Eduardo Fabregat, de su blog eduardofabregat.blogspot.com, lo hago para a continuación rebatir con argumentos sus dichos.
"PAPELITOS Y RATAS
"Las ratas que estafan y zafan son muchas.
Y son las que bendicen sus miserias al final". ("Morir", Ca$hejeros, 2003)
Qué insulto a más de cuatro décadas de rock argentino, qué zapateo irrespetuoso sobre las tumbas de Luca, de Miguel, de Federico, de Pappo Napolitano. Cuánta desidia, cuánta soberbia, cuánta traición. Olvidemos por un rato –si es posible– las instancias judiciales, el desfile de testigos, el dolor cayendo gota a gota durante casi cinco años transcurridos, durante un año de proceso. Vayamos al otro hueso, vayamos a la cuestión que atormenta a los que saben cuánto costó salir adelante en nuestro Vietnam, hecho de saliva y sangre. Quienes aman el rock argentino hecho con pasión, con talento, con dignidad y honestidad, contra viento y marea, con las mejores intenciones, esta semana se han tragado uno de los batracios más intolerables de la historia que arrancaron Moris, Nebbia, Almendra, Manal y otros que no medían bengalas ni banderas, sino acordes y armonías vocales, poéticas sensibles y fuegos creativos.
(Para el desprevenido que aún no se haya percatado, una advertencia: esta columna es hija de la indignación. Si usted anda buscando moderaciones, si cree que los músicos de Ca$hejeros son realmente inocentes, vaya dando vuelta la página. Este periodista, que desde el día de la tragedia viene publicando argumentaciones basadas en su conocimiento y el de sus fuentes, que ha tratado de razonar en público y poner todas las cartas sobre la mesa, anda con los cables pelados, le saltó la térmica. La cara de piedra de Fontanet ya es una afrenta que no puede tolerar.)
Lo dictaminó el Tribunal Oral 24: la obediencia debida llegó al rock. Diego Argañaraz se convirtió en Jorge Rafael Videla, y Patricio Fontanet, Eduardo Vázquez, Maximiliano Djerfy, Juan Carbone, Cristian Torrejón y Elio Delgado pasaron a ser los simples miliquitos que sólo cumplían órdenes, no sabían nada, no escuchaban nada, no decían nada, sólo se subían a tocar, son tan víctimas como los padres devastados por la muerte que recibieron en la cabeza una celebratoria lluvia de papelitos –cortesía de Los Invisibles, El Fondo No Fisura, La Familia Piojosa–, y el dedo medio de la señora Susana cagándose en ellos y en su dolor, gozando la revancha.
Dan asco.
La estrategia dio excelentes resultados: el Pato criollo y sus compañeros se dieron cuenta rápidamente de que había que abrirse del manager, largarlo duro, hacerse los boludos y mirar para el costado mientras engrampaban al amigo por las decisiones que tomaron todos, por las irresponsabilidades que cometieron todos, por la contribución colectiva a casi doscientas muertes. El que avisa no es traidor, podrá decirse: el día en que se separaron las representaciones, cuando los músicos contrataron a su abogado y dejaron que Argañaraz se arreglara con el suyo, la suerte del manager quedó sellada. Lo dejaron solo. Está claro que a nadie le gusta ir en cana, pero la actitud dice unas cuantas cosas sobre la catadura moral de los reyes del aguante. El aguante se termina donde empieza el cagazo. Se viene a descubrir que el código de la calle incluye la cobardía.
El fallo no hizo más que confirmar todo lo que Página/12 viene denunciando desde el 2 de enero de 2005. Nada de lo que se escribió aquí es mentira. Pero los papeles hacen que sólo uno de los integrantes del grupo pague los platos rotos.
Afuera los pibes festejaban. En los foros donde campea el sentimiento de Copa Intercontinental ganada sobre la hora, se justifican diciendo que si hubiera sido al revés las imágenes de festejo habrían sido de los familiares de víctimas. La excusa, tan endeble como la de “eeeh, loco, bengalas prendían todos”, se desmorona con una simple observación del momento de la lectura del fallo: cuando el juez Alveró anunció las condenas a Chabán, Díaz y Argañaraz, los familiares no festejaban. Lloraban. Es lo poco que Cromañón les ha dejado. Los fans pueden ir a Olavarría a disfrutar a Fontanet haciéndose el vivo arriba del escenario. Los padres sólo pueden ir a ver tumbas.
¿Para esto atravesamos cuarentaipico años de luchas, de prejuicios, de persecuciones, de paciente construcción de un movimiento que fuera recordado por su arte? ¿Todo termina en que Chabán es un hijo de puta, y el cana es un coimero y el manager un inescrupuloso y los funcionarios unos corruptos? Mientras Ca$hejeros vende a $47,50 su disco en vivo en Obras 2004 (el de las cien bengalas en una sola noche), mientras recauda 15 mil espectadores en la misma Olavarría donde el intendente Eseverri padre se dio el lujo de prohibir a los Redondos, los músicos que tratan de ganarse la vida en Buenos Aires tienen que lidiar con la misma corrupción de siempre, con bolicheros que, amparándose en ser de los pocos que tienen habilitación, imponen condiciones a las que el término “abusivas” les queda tibio.
¿Esto es lo que nos queda, señor juez? ¿El sardónico triunfo de este sindicato de crápulas?
Ya basta de tibiezas: aun antes del 30 de diciembre de 2004, Ca$hejeros era una banda horrible. Sus discos de tapas impresentables eran una mala copia de un mal MP3 de un menjunje requemado de los Redondos, La Renga y Los Piojos. Su cantante ya era un gordito desafinado que fantaseaba infructuosamente con tener la verba, la pluma y la performance del Indio Solari. Sus guitarristas soñaban con algún día meter una nota, una sola nota, con la sensibilidad y justeza de Skay Beilinson o la garra de Chizzo. Si la prensa intentaba conseguir una nota con ellos era por la curiosidad de que semejante engendro arrastrara un Obras lleno, para tratar de entender cómo era que el público rockero de pronto se estaba conformando con tan poco. Ellos empezaban a disfrutar su status de Susana Giménez del rock, creyendo que negarse a dar notas o sacarse fotos bastaba para apoderarse de la mística de tipos que hicieron cien canciones mil veces mejores. Vendedores de humo, llamaban la atención por su poder pirotécnico antes que por su música.
Eran una banda horrible entonces, lo siguen siendo ahora. Y para completar el menú agregaron a sus cualidades el cinismo de escribir gacetillas en jerga judicial, la agachada de entregar a su manager para salvar el culo, la mariconada de tratar de borrar con el codo todo lo que dijeron e hicieron antes que se les quemara el rancho, literalmente.
La enorme riqueza del rock argentino exige una condena moral. No les hicimos el aguante, el aguante de verdad, a artistas valiosísimos, para que un grupete de mediocres escupa alegremente hacia el cielo, al ojo de creadores mucho más talentosos, y se salga con la suya. En las conversaciones que este cronista tuvo con músicos, managers, productores, no hubo uno solo que estuviera de acuerdo con el fallo. ¿Hay que quedarse con esa bronca contenida? ¿Hay que resignarse, cuando no hubo resignación frente a las razzias, frente al bastardeo del arte de la música, frente a la manipulación, frente a los intentos de prostitución de un género genuino, nacido del riesgo y el desafío artístico y no del oportunismo berreta, de la demagogia musical que engancha rápidamente una multitud?
Pappo los mandaría a laburar.
Miguel les recordaría que ante todo está la vida.
Luca los cagaría bien a trompadas.
Nosotros estamos acá. Conteniendo la náusea ante esta asociación de aficionados, monos con navaja que provocaron un daño irreparable. Preguntándonos una vez más por qué una parte del público, históricamente exigente con los estándares del rock hecho en Argentina, se conforma con una oferta artística tan paupérrima, la celebra, le perdona todo. De las tribunas se puede regresar, tan sólo hace falta ser de masa gris, cantó Spinetta. Es hora de abandonar la tribuna futbolizada, los papelitos, la cosa descerebrada que perdona y festeja la estupidez. Coincidir, sí, en que hay ratas que estafan y zafan. Pero que no sólo están afuera: bien pueden estar royendo por dentro cuatro décadas de arte genuino, hasta dejarlo en la miseria". Eduardo Fabregat.


Para empezar debo decir que me parece de cobarde ampararse en la indignación para escribir sobre cualquier tema. Un periodista debería lograr abstraerse, más allá de mostrar su punto de vista, con este criterio detrás de la cobardía, cualquiera puede decir cualquier cosa.
Por otro lado, y yendo de lleno a la nota, es un tanto confuso lo del zapateo sobre las tumbas de leyendas del rock, ¿no queda muy claro quién zapatea o insulta a décadas de rock argentino?
Más allá de eso, es cierto que en otros momentos no se medían bengalas o banderas, pero bien se sabe que desde hace un tiempo a la fecha la tribuna de fútbol copó los recitales de rock y los cánticos, las banderas e incluso las bengalas pasaron a formar parte de lo que llaman "cultura rock" o "folclore del rock". Una entidad estúpida en la que se amparaban y amparan quienes llevan a cabo prácticas como esas durante un show de música. ¿Es que Callejeros (es así como se escribe Eduardo, no Ca$hejeros como usted puso, que supongo puede ser un error de tipeo) creó el famoso "folclore del rock?. No, más bien ellos se crearon allí, abajo, en el público, en esa cultura que por ejemplo en un recital de La Renga en el autódromo, se preocupa más por cuantos eramos, que por un show que repecto al sonido fue una verdadera mierda.
Otra cosa que me sobresalto en seguida de empezar a leer la nota fue su advertencia de: "si cree que los músicos de callejeros son realmente inocentes, vaya dando vuelta la página", me suena por lo menos autoritario, o ¿lo que usted escribe es sólo para que lo sigan lectores complacientes que le digan que tiene razón?. Yo creo que Callejeros es inocente y sin embargo me dio ganas de leer su nota, por más que sea para criticarla. Nota que aprovecho para decir que encontre publicada en Primicias Ya, una página de espectáculos.
Siguiendo con la lectura volví a sobresaltarme al leer que, conociendo los antecedentes laborales de Eduardo nunca me tope con algo que tenga que ver con el derecho, y aún así critíca la desición de un Tribunal Oral que, tras un año de debate, de cotejar pruebas, no logró obtener elementos suficientes para culpar a la banda, ¿no suena algo soberbio calificar una sentencia sin tener algún fundamento jurídico?
Más allá de este cuestionamiento sin fundamento, Eduardo se despacha sobre la estrategia judicial de la banda. Habiendo asistido a varios shows de la banda, logre juntar de fuentes directas de testimonios acerca de la estrategia de Callejeros. Pero como me parece que ese tipo de fuentes no son fáciles de probar, vale la pena citar la nota del suplemento SI de Clarín, del viernes 21 de agosto de 2009, el que supo fundamentar que Fontanet pidió a la banda hacerse cargo junto con su manager de lo ocurrido, una de las razones por las que Djerfy se alejó del grupo y propuso su representación letrada y su estrategia. Algo a lo que el Tribunal no dio mayor trascendencia porque no podía probarse. Eduardo en derecho lo que no puede probarse no tiene relevancia. Pero nunca se abieron de gambas respecto de Argañaraz.
Aunque suene raro, coincido en el desatino del gesto de Susana tras la lectura de la sentencia. Y aunque no justifico el festejo de los fans, estuve frente a Tribunales y se que fueron respetuosos con los padres, que entienden su dolor y que les ofrecieron a los familiares ocupar el lugar en la plaza Lavalle, porque sentían que a ellos les pertenecía. Así como tampoco justifico el accionar de los padres que esperaban afuera del Palacio de Justicia.
¿Eduardo no le suena a mucho el "atravesamos cuarentaipico años de lucha"?, más allá de su trayectoria, que no se pone en discusión.
Chabán es un hijo de puta por cerrar las puertas de salidas, los canas son coimeros desde que tengo uso de razón y los managers y funcionarios muchas veces son corruptos. O ¿eso esta en discusión? El disco Eduardo sale $47,50, así como "Señales" salió $60, porque el grupo esta embargado de manera preventiva por el proceso que esta atravesando. Casi un 20% de lo que se recauda va a parar a las arcas del Tribunal para responder por los intereses y costas de dicho proceso.
Entiendo que Callejeros no le guste como banda, no le voy a decir como escribir ni mucho menos, pero me parece que decir que algo es "horrible" debería estar justificado en algo más que el gusto personal. ¿O usted cree que todos piensan como usted? ese es un pensamiento un tanto fascista ¿no cree? Quizás hubiese sido más conveniente decir que a usted la música de Callejeros no le gusta. Lo "horrible" de Callejeros usted lo respalda en su gusto, en su indignación o en lo que dirían leyendas del rock que ya no están, ¿no le parece que esta mal hablar por boca de gente que ya no esta?. Y pensar por ellos, ¿esta bien?
Usted quiere comparar al "gordito desafinado" como llama al Pato con el Indio Solari, nada más lejos ¿Ha escuchado usted las letras del Pato? Crudas, directas y con mucho de realidad. Todo lo contrario a las letras casi filosóficas del Indio, que muchos apreciamos pero pocos entienden. También tiene la delicadeza de decir que los guitarristas de la banda "sueñan con meter una nota con la sensibilidad y justeza de Skay", lógico ¿quién no?. Siempre se tienen modelos en la vida y, creo sin temor a equivocarme por conocer a los violeros de Callejeros que, si le preguntamos si sueñan con tocar como Skay la respuesta sería afirmativa.
Si la banda comenzó a disfrutar de un status de "Susana Giménez del rock" fue porque el periodismo aportó en mucho para eso. Vale la pena aclarar que la banda ganó como revelación del año 2004 en Day Tripper, de la radio Rock & Pop, la misma que después de Cromañon no pasó nunca más un tema de Callejeros, figiendo una amnesia de todo lo que había sonado antes.
Queda para cerrar aclarar que no es una excusa lo de que las bengalas se prendían en todos los shows, cuando el rock se futbolizó, pasaron a ser algo imprescindible para una gran mayoría que hoy las sigue utilizando en recitales del Indio y que, si se les pregunta a muchos de éstos que forman la "cultura rock" las prenderían aunque los lugares sean cerrados.
No creo que Pappo, Miguel o Luca digan lo que usted dice que dirían. Tampoco descreo de las charlas que tuvo con músicos, managers, productores, que amparados en el corporativismo de la música le cerraron puertas a una banda que el único mal que hizo fue estar en el momento equivocado en el lugar equivocado.

lunes, 17 de agosto de 2009

La hora de la Justicia.

Dentro de 48 horas se leerá una sentencia histórica. Para aquellos que estuvieron en Cromañon, para sus familiares, para los que asisten a recitales, para los que no. Un veredicto que afecta directa o indirectamente a toda la sociedad.
Una sociedad que esta dividida, que a veces opina sin saber, pero como pasó siempre. En Argentina somos todos técnicos, médicos y, ¿porque no? ahora jueces.
No se trata de una desición fácil, eso esta claro. El Tribunal que tiene a su cargo sentenciar una causa como la de la tragedia de Cromañon, tiene en sus manos una desición que marcará un antes y un después, como ya lo marcó ese 31 de Diciembre de 2004.
Se esperan manifestaciones de ambos lados: familiares y seguidores de Callejeros. El periodismo se empeña por dividirlos y ellos caen en la trampa. No entienden que todos estan del mismo lado.
Esa noche los asistentes fueron a despedir el año en una fiesta que terminó en tragedia. A una persona se le ocurrió que es preferible cerrar las salidas con candado, para que no entre nadie sin pagar, a que ante una emergencia puedan salir todos correctamente.
Del lado de Callejeros sólo se puede entender que ésto les pasó, como le pudo haber ocurrido a cualquier otra banda, todas tocaban en lugares como Cromañon o peores. Todos fuimos público alguna vez y decidimos seguir la fiesta ante una bengala en un lugar cerrado o ante la presencia de más cantidad de gente de la que podía entrar. El rock argentino se empeña en ver quien la tiene más grande y es mejor la banda que mete más gente que aquella que tiene algo para decir o que suena mejor.
En ese bola de nieve entró Callejeros. La banda pegó un salto de popularidad que quizás no supo manejar. Pero ¿son culpables por eso? ¿Podían hacer algo más que pedir una habilitación para saber si el lugar estaba en orden? Alguien le mostró esa habilitación. ¿Qué más podían hacer?
Acaso ¿a alguien se le ocurre que los jugadores de fútbol son culpables por las muertes en las canchas?, ¿no es lo mismo? Al fin y al cabo eso era Callejeros, el centro de atención de miles de chicos que se metieron en una trampa. Que vieron que el lugar estaba colmado y superado, que tuvieron en sus manos la desición de salir de Cromañon, pero se inclinaron por quedarse porque tocaba "su" banda. Que predieron bengalas en un lugar cerrado a pesar de las advertencias de Chabán, que si se quiere a nadie le importaba, pero fueron criticados por Pato que advirtió que no podía cantar por el humo, pero poco importaba, porque el que prende más bengalas es el más seguidor.
Porque el rock esta rodeado de un folclore necio que hoy, después de la tragedia, parece no verse afectado. Que toca el Indio (en un lugar abierto, claro) pero se siguen prendiendo bengalas, porque todo se justifica en ese folclore estúpido. Esa trampa fue la misma en la que entró la banda, la misma en la que entraron los familiares de Callejeros. ¿Alguién mandaría a la muerte a sus familias? No lo creo. Era una fiesta, fue una tragedia.
Hoy a casí 5 años del incendio todos entienden el dolor de esos padres que perdieron a sus hijos, pero estoy seguro que de poder preguntarles, ellos querrían ver a Callejeros en un escenario, no tras las rejas. Que no se conviertan en un chivo expiatorio de la justicia para satisfacer el hambre de la sociedad.
Callejeros fue a hacer lo que hacía: tocar, no eran dueños del lugar, no cerraron con candados, no incetivaron la pirotecnia, tampoco la censuraron, es cierto, ellos provenían de ahí, de abajo del escenario, del folclore del rock.
No eran bomberos, ni inspectores del gobierno de la Ciudad. Ellos fueron a hacer música. Y hoy quieren seguir haciendo lo mismo ¿Porqué prohibirles eso? Cada show post Cromañon cuando no era cancelado, era una controversia interminable en los medios, esos que no entienden el rock. Callejeros hizo lo que la gente les pedía y lo único que saben hacer: tocar. Ahora es hora de que hable la justicia, que esperamos sea inteligente por las 194 víctimas, por los padres, por los chicos de la banda, por toda una sociedad que como siempre abrió los ojos cuando ya era tarde.